EMPLEO PÚBLICO

A pesar de sacar un diez en las últimas oposiciones no obtiene plaza

. 30/07/2009
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Marta Ciprés fue la número uno en el último examen de las oposiciones de la DGA

La gente no lo entiende, me resulta muy difícil explicarlo. Me dicen: ¿cómo no va a tener plaza alguien que ha sacado un 10?". Marta Ciprés se encoge de hombros. Es su caso, y ni ella misma alcanza a comprenderlo del todo. Revisa una y otra vez los papeles con los resultados de la oposición y la normativa de acceso al cuerpo de maestros, atónita. "Es legal, no tengo duda, eso no lo cuestiono. Pero no es moral", insiste.


El 22 de junio, esta joven de 22 años de Alera (un barrio de Sádaba, en las Cinco Villas) se presentó al concurso-oposición de magisterio convocado por el Gobierno de Aragón, en la especialidad de Educación Infantil. "Había dejado mi trabajo como monitora de actividades extraescolares en un colegio de Zaragoza para dedicarme plenamente a estudiar", aclara. Y aprovechó bien el tiempo. Sacó un 10, según pudo comprobar este lunes, cuando salieron las notas. Era la número uno de Aragón. La mejor.


Pero la alegría apenas duró un 'ay'. La nota del examen solo constituía un 60% del resultado total. El resto del promedio se sacaba de los puntos que los aspirantes acumulan por experiencia laboral y por cursos de formación. Los primerizos, como Marta, solo pueden reunir hasta 6 -frente a los 10 que pueden sumar los interinos que hacen sustituciones-. Marta tenía 4,25.


"Mi nota total fue 7,7, y la nota de corte se quedó en 7,82. No he sacado plaza, me he quedado fuera", explica, todavía con el sofoco y la incredulidad en la cara.


El drama no termina ahí. Los que aprueban el examen pero se presentan por primera vez a unas oposiciones -como es su caso-, pasan a integrar la llamada "lista 132", de donde pueden ser llamados como interinos. Pero por delante de esa lista están la 120 y la 131, formadas por interinos que ya se han presentado otras veces, aunque hayan suspendido. "Las posibilidades de que llamen a alguien de mi lista son prácticamente nulas -se lamenta Marta-. Y, si no me llaman, no acumularé puntos, por lo que, en la siguiente convocatoria, estaré exactamente en la misma situación, y puedo volver a quedarme sin plaza aunque saque un 10".


Así que el futuro pinta negro para la opositora más brillante al cuerpo de maestros de educación infantil en Aragón, que sufre en sus carnes una paradoja difícil de asimilar: que un sistema concebido para seleccionar a los más aptos deje fuera a la que, según los baremos del propio sistema, es la mejor candidata.


Marta va a enviar una carta a la consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, María Victoria Broto. "Sé que no se puede hacer nada, que todo es legal y que el proceso es correcto, pero me gustaría que mi caso sirviera para que en la Administración reflexionasen sobre lo absurdo del sistema y para que, en un futuro, lo modifiquen", cuenta. De hecho, quiere dejar claro por encima de todo que ella no le echa la culpa a nadie: "Para los miembros del tribunal que me ha puesto el 10 también tiene que resultar frustrante ver que la mejor candidata que han puntuado se queda sin plaza", razona.


Ahora toca volver a estudiar. Y a esperar. Y a buscar trabajo. De momento, lo tiene en una guardería, pero es algo temporal, una sustitución veraniega. "Aprovecho para ofrecerme a cualquier colegio privado que quiera contratarme -anuncia-. Mi vocación está en el sector público, pero si allí no puedo, pese a mi preparación y a mis ganas, trabajaré donde me reclamen".

A veces, estudiar mucho y ser la mejor no garantiza nada.

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